Publica la semana, no un catálogo permanente
Una ruta de cestas cambia con lo que está listo. Sube las cestas de esta semana con lo que llevan y retira las de la anterior. Una tienda que enseña la misma lista todo el año enseña a la gente a no mirar, y entonces vuelves a contestar a mano qué lleva.
Escribe el contenido en la descripción aunque la foto lo enseñe. La gente pide desde el móvil en el autobús y lee por encima.
El cierre de pedidos vive en la tienda
Di el plazo en cada cesta: pedidos hasta el jueves por la tarde para entrega el sábado. Luego corta los pedidos poniendo la existencia en lo que realmente puedes preparar. Una cesta que sigue siendo pedible pasado el cierre produce exactamente un resultado: alguien esperando comida que no va a llegar.
Recogida y entrega son productos distintos
Si ofreces las dos, hazlas opciones separadas en vez de una nota en el pedido. Quien recoge y quien recibe necesitan instrucciones distintas, y un campo que alguien escribe se pasa por alto en un sábado ocupado.
Los fijos son todo el negocio
Una ruta de cestas vive de las mismas cuarenta casas pidiendo cada semana. Como el pedido llega a un chat, ya tienes la conversación: escribe a los fijos cuando venga algo poco común y pregunta a quien lleva dos semanas sin pedir si ha pasado algo. Esa conversación vale más que cualquier publicación para captar clientes nuevos.
Guarda una nota breve de alergias y cosas que no gustan por cada casa. Es lo que un supermercado no puede hacer y una ruta pequeña sí.